Muerte, camina conmigo

Tenía muy pocos años, quizás siete u ocho. Mis padres nos lo habían contado a mis hermanas y a mí. Pero ella tenía la mano muy larga y le gustaba pegarnos, sobre todo a mi hermana Iciar y a mí. Ese día también. Y despues de la primera bofetada que me dió, le grité a mi prima, de unos trece años: "Ahora te fastidias, que tu padre se ha muerto".

Con los años descubrí la tremenda crueldad que puede tener el no entender lo que está pasando. Para un niño la muerte no existe hasta que se la encuentra de repente. Mi tío Alfonso había muerto y yo lo utilicé como venganza infantil contra mi prima.

Fue mi primer contacto con la muerte. Y me porté mal.

Poco despues, con trece años, estaba con mi amigo Jesús en la calle y vimos pasar a Jose el Largo por la calle. Era de nuestra edad pero del B (habia tres clases en nuestro colegio, la A, la B y la nuestra, la C). Jose pasaba corriendo, huyendo, enrojecido. ¿Donde vas?, le preguntó Jesús, amigo suyo. "me voy a suicidar". No le creimos. Ese día se ahorcó.

¿Podíamos haber hecho algo?. Eramos unos crios y ni siquiera nos dabamos cuenta de que las palizas que le daba su padre no eran normal. Total... los profesores tambien nos pegaban. Muchos abuelos pegaban a sus mujeres e hijos. La cultura de la violencia doméstica era normal.

Fue el primer conocimiento de que me podía pasar a mí.

En la universidad conocí una vida nueva pero iba cada dos semanas a ver a mis padres y hermanas al pueblo. Recuerdo con mucho cariño lo que me hacía reir con sus locuras Jose Luis, un amigo de mi padre, más joven de él, cuya hermana Maricarmen era la mejor amiga de mi hermana Iciar. Jose Luis, como muchos de su famili tenia problemas sicológicos. Pero eso se dice y no se hace nada, porque nunca se toma en serio en un pueblo. Total, todos estamos locos.

Estaba en el colegio mayor y me llamó mi madre. Jose Luis se ha suicidado. Se tomó unas pastillas para dormir y se enfundó una bolsa de plástico en la cabeza. Se asfixió. Su hermana Maricarmen dormía en la cama de al lado. Era el tercer hijo que perdía su madre, los dos primeros en sendos accidentes de trabajo. Nunca se aclaró su extraña muerte, ni ciertos acontecimientos que dan para muchas historias de Saint Olaf, que diría Rodrigo. Y esta es la más escabrosa. Su novia, posteriormente candidata por Herri Batasuna (en un número menor) en las listas de su ciudad, un atraco a la tienda de mi padre, las conexiones políticas, sociales, etcetera.

Pero ella estaba allí, la muerte a mi lado, cerca. Fui el único que vio la cara de su novia, los demás en el pueblo solo sabian el nombre. A mi me enseñó la foto en un viaje en tren. Nadie me preguntó.

Mi hermana me contó que Conchi, su cuñada, tan despistada, tan atolondrada, tan desgraciada en un matrimonio fracasado habia decidido coger las riendas de su vida. Separandose y aceptando el contrato matrimonial que la dejaba sin nada, aceptó el trabajo en la panadería del Eroski y sacó adelante a su hija. Pensabamos que el cansancio se debia a la falta de costumbre del trabajo a destajo. En tres meses la leucemia se la llevó. Mi hermana entre lágrimas, aun hoy en día, recuerda sus ultimas palabras antes de que la metieran a la UCI: "tengo miedo".


Cuando tuve el accidente hubo un momento, bajo las aguas y el barro introduciendose por mi boca, nariz, orejas, en qué pensé que era el final. Pensé en mi gente. Pensé en Javi, que apenas nos conociamos, y me recordaría con cariño, pero lo superaría. Pensé en mis amigos, alguno pensaría más que otro pero se acabarían olvidando. Pensé en mis hermanas, en que no me conocían apenas (ahora mucho mejor). Pensé en mis padres. Antes de perder el conocimiento el último recuerdo que tengo es de gritar "Mamá". Me dolía, me desgarraba por dentro el dolor que iban a sentir al perderme. No pensé en mí, no había tiempo, ya estaba todo dado.


Me recuperé.

Eduardo me llamó poco después. Se había enterado por nuestro odiado jefe, Rafa. Gracias a él, a Eduardo, había conseguido ese trabajo. Pero llevabamos tiempo sin hablarnos por una anécdota tontísima que tuvo con Javi al comenzar nuestra relación. Pero él tenía miedo de causarme un problema, y yo tenía miedo e inexperiencia y acepté el no vernos. Sin embargo, nos escribiamos correos y hablabamos por teléfono. Sobre todo cuando coincidió en su proyecto con Merche. Casualidades. Y se hicieron amigos. Eduardo era un sol, con mucho carácter, a veces borde e insoportable, siempre brillante y generoso. Quedamos despues dos años sin vernos. Me llamó el día antes, no podía, le ingresaban en el hospital para unas pruebas. Nunca volvió a salir. La última vez que hablé con él me dijo que no tenía nada grave, pero... que si pasaba algo, se lo dijera a los amigos comunes. Porque su familia no sabía nada, y de la gente "que entendía" solo sabía de su situación yo. Cuando murió se me vino el mundo encima. Fui al tanatorio, y recuerdo más el abrazo de Merche cuando me tuvo que sacar porque me venía abajo que cualquier otra cosa. Pienso mucho en él. Mucho, mucho, mucho. Y pienso en las oportunidades perdidas, en las palabras no dichas, en las peleas o distanciamientos estúpidos. Eduardo me animó a conocer a Javi sabiendo que eso nos iba a alejar momentaneamente. El leyó en mis ojos, en mi voz, lo que podía pasar. Y pasó. Y yo busqué a sus amigos, algunos con los que no hablaba, y les conté lo tuyo, Eduardo. Incluso a él, por muy famoso que sea, también se enteró.

Y pasaron los años, y ella, la muerte, volvió a acordarse de mi alrededor. Y primero se llevo a Manolín, con 27 años, hijo de mi tio Manolo. Se lo llevó en un accidente viniendo de trabajar.

Y luego al año siguiente se llevó a Jesús, que pudo conocer por poco a su hija, ya que empeoró fatalmente de su cáncer de pulmón con su mujer embarazada y aguantó lo justo para conocer a su niña. Para que ella tuviera una foto con él. Y se llevó a Jesús con 36 años.

Y al siguiente año, de nuevo, se llevó a Javi, el Triki. Con un año menos que yo. De sobredosis. Porque en todas las familias pasa eso, y en la mía más. Que la mezcla de los ochenta, los "perros callejeros" y el pueblo es lo que tiene.

Y vi a mi familia destrozada tres veces (ambos de la misma rama, la de mi madre).

Y te perdí el miedo, muerte. Te lo perdí, sí. Porque si me tiene que tocar me tocará, pero no voy a pensar en todo momento que estás agazapada a la vuelta de la esquina. No te temo porque no se lo que me traes.


Y ayer nos dieron la noticia de que el sábado se acercó a Ibiza y se llevó a Antonio. Y me dejó consternado, como es normal. Y más cuando ahora, cuando he ido a mirar alguna película para ver en el DVD y olvidarme de tí, he visto su nota, la que nos dejó despues de su ultima visita.

Pero no ganas.

Porque en mi cabeza quedan esas horas de charla en la cocina. Borrachos y sincerandonos, y comprendiendonos. Y riendonos. Y llorando.

Y queda el antes, con Miguel, lo que nos reimos, hacía tiempo que no estaba tan bien. Por eso no ganas, porque no lloraré al recordarle. Sino que una sonrisa me vendrá siempre.


Pero eso si: no te lleves a mas gente de alrededor en una temporada. Dame un tiempo.
He de recomponer de nuevo mi corazón.
Y entre tú y ese hijoputa llamado "amor" me teneis contento.




14 comentarios:

Leyendote, he pensado en mi abuela, ques estuvo genial hasta el último día, pero sus 97 años hicieron que mi tía la encontrara dormida para siempre , y yo lloré mucho, a pesar de que vivía en Lugo,y nunca la vi todo lo que hubiera querido. Y he recordado a Pedro, un chico del puebloi de mi madre, que cuando yo tenía 12 años, iba gritando por todo el pueblo que sería su último día, se suicidó, y recuerdo que, por primera vez mi prima y yo nos dimos cuenta de que eso también pasaba en la vida real. Me he acordado de cómo se le humedecen los ojos aún ami padre, cuando habla de su hermano, que murió por una explosión, cuando sólo tenía 7 años, y de la cara que se nos quedó a toda la clase, cuando, en 1º de BUP, la profesora nos contó que Carlos no había superado un coctel mortal de alcohol y drogas , y se había muerto.O cuando leí en el periódico que Mónica había muerto en accidente de coche, y pensé en porqué nunca volvimos a llamarnos , despues de aquella pelea absurda de crias de 19 años.
Pero, sobre todo, he recordado cuando mi amiga Silvia murió en mis brazos, y también, cuando empecé a perder el miedo a que quizás mi padre no saldría de lo suyo, aunque a veces aún lo tengo.
Yo también, aunque a veces me cuesta, prefiero pensar en lo bueno que me queda de la gente que se me ha ido, y sonreir al recordarlo, y decirme a mi misma, que es muy importante disfrutar de y amar a los que tienes cerca, porque nunca sabes cuando dejarán de estarlo. En ello estoy, y eso es lo que me hace feliz, y me anima a seguir adelante.
Un beso grande mi niño.

Nunca sé qué decir. Para mí no hay nada más que decir que cada cual te deja lo que te ha de dejar, y que esos recuerdos terminan, más tarde o más temprano, por curar el corazoncito.
Pero qué rabia y qué impotencia.

Jo... no se ni que decir, es durísimo perder amigos, porque son totalmente insustituibles, menos mal que tenemos memoria y siempre les podremos recordar...
Le tengo terror a la muerte y eso que mi hija me dice que morir es como nacer, y asi lo quiero creer

A mi la muerte no me da miedo mientras sea la mia.

Joder Jose, no me he echado a llorar porque estoy en el trabajo...

Ya sabes la vida son dos días...a veces día y medio....

Un beso y ..gracias.

Es un tema muy complicado este...

Yo perdí a mi padre cuando aun no tenía ni seis años. No recuerdo absolutamente nada de como lo supe, ni de aquellos días. Sin embargo, sí que conservo uno o dos recuerdos de mi padre. Eso hizo que asumiera desde muy pronto la presencia de la muerte.

Después, afortunadamente, la muerte no ha pasado apenas por mi vida. Mi abuelo murió hace unos años, pero con casi 90 años. Y fue una muerte tranquila, muy asumida.

También he sabido de muertes de antiguos compañeros de clase. Uno se suicidó, otra murió de una enfermedad repentina... Pero eran muertes muy lejanas.

Sin embargo, he visto el daño que hace la muerte en algunas personas, cómo la perdida de un ser querido hace que la vida pierda sentido, color, alegría y, aunque pienso que la idea de la muerte es algo que tengo asumido y aceptado, a veces imagino que muere alguna persona muy cercana a mí y siento escalofríos de terror...

Aunque estaba en la oficina, he llorado. Es lo que tiene estar sola a las 8.
Me considero afortunada por que la muerte "solo" me ha arrebatado a las abuelas con casi 100 años cada una y a tres tios, que aunque se podían considerar jovenes, ya habian visto crecer a sus hijos, nacer a sus nietos, y habian vivido lo que antes era toda una vida.

Le tengo pánico a la muerte, pero no a la mia, sino a la de mis padres, hermana, sobrinas y si es la de mis hijas...ya ni te cuento.

Creo que alguien, algún gilipollas (no, mejor dicho: una conspiración universal de gilipollas) nos intenta hacer creer, desde pequeñitos, que nacemos para ser inmortales, jóvenes y bellos permanentemente. Y crecemos con esa absurda convicción... hasta que todo a nuestro alrededor se empieza a desmoronar, y vemos que no, que los mundos de yupy no eran verdad, que hay enfermedad, incapacidad física y mental, dependencia, dolor, muerte.. muerte, sí. Y ojalá fuese sólo la muerte. Lo peor es lo otro, la decdencia del cuerpo y la mente, el dolor físico y psíquico... Yo no es que sea precisamente católico (he apostatado y a mucha honra) pero si algo bueno tenía el catolicismo era esa especie de aviso del "morir debemos-ya lo sabemos". Se pasaban, pero es que ahora estamos en el otro extremo, el de ocultarle a los niños la muerte de sus propios abuelos, "no vaya a ser que tengan un truma". Joder, el trauma lo van a tener cuando se topen con la puta realidad después de que los hayáis tenido metidos entre algodones!

Es la primera vez que se muere alguien cercano y sobre todo joven. En ese sentido me ha tratado bien la vida. Parto de la base que el que se muera una persona es un acto egoista para los que nos quedamos en este lado. No poder disfrutar nunca mas de su presencia. La sensacion de pena nos embarga... Sabemos que nacemos para morir. El ying y el yang. Bueno y malo. Claro y oscuro. Luz y sombras.

Pero aunque sabemos que el oscuro, lo malo, la muerte, las sombras existen. Estos no existirian sin sus complementarios. Y lo mas importante no podemos evitarlos. Solo nos queda estar preparados. Preparados para cuando llegue la hora de los demas y la nuestra propia.

Como han dicho por ahí, no tengo miedo a mi propia muerte, ni siquiera miedo a la muerte de los demas. Tengo miedo al dolor. Miedo a la enfermedad. Miedo a tener que depender de alguien el resto de mi vida. Solo me queda estar alerta. Estar preparado y disfrutar mientras pueda de los que me rodean. Y eso pienso hacer. Os quiero

Siempre me acuerdo de los versos que decían

"no perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta"...

Es el poema de Miguel Hernández que tanto me emociona, y quizás porque, por fortuna, la muerta no se me ha acercado mucho, quizás sólo últimamente, pero también quizás, en nada comparado con la forma en que parece abrazar a otrs personas. Por eso me emociono con el poema de Miguel Hernández, sin haber conocido a Ramón Sijé, de igual forma que me ha emocionado el texto que has escrito, sin haber conocido a los que mencionas.
Supongo que la forma en que se asumen depende... los lazos, la edad, la circunstancias. Y a veces es difícil de asumir, y se nos queda como pequeñas astillas. Pero siempre me queda el consuelo que sólo muere lo que se olvida, no lo que desaparece. Y la vida continúa, los caminos se abren y todos debemos seguir con el tiempo que dure este contrato llamado "vida".
Este puente pasado falleció un tío mío... se lo encontraron en la calle, en el suelo, de un infarto. Recuerdo que de pequeñito me quedaba muchas veces acogido en su casa, porque con tantos en la familia, mi madre no daba abasto. Era mayor, pero las pérdidas siempre son como toques de atención. Aunque suene un poco egoísta, siempre lo que más he lamentado es haber estado siempre lejos, muy lejos, de cuando ha fallecido alguien querido.

Yo sí tengo miedo a la muerte, a la mía y a la de los demás (son diferentes). Los epicúreos decían que no hay que temer lo que no se conoce. Bueno, tenian razón, pero mi muerte (o la muerte de otro) significa que ya no podré hacer nada, conmigo o con él.

Lo siento.

No estamos preparados para la muerte... lo estamos para todo, hasta para el sufrimiento atroz, pero no para perder a quien queremos, o para irnos nosotros cuando quedan cosas por hacer. Yo tuve mi primera experiencia con 17 años, y por desgracia fue la de mi padre. Luego he perdido mucha gente de mi alrededor, mi amiga, de cáncer en 6 meses, con 33 años y dos niños pequeñísímos, mis cuñados, uno con 35 y otro con 44... y recuerdo un día que me levanté absolutamente feliz porque "había olido a mi padre", sí, en sueños, en algún rincón de mi cabeza estaba su olor. Poneros a recuperar un olor despues de 20 años y vereis lo imposible que es. Yo lo pude recuperar y pienso que mi padre, aquella noche, vino a besarme.

Joer, Gomi, me has hecho llorar.

PReciosa tu historia.

Después de mucho tiempo leyendo tus comentarios en el blog de Luís y en los diferentes flickrs...he descubierto tu blog.

Lo poco que he leído me ha gustado, pero creo que nadie me había hecho sentir como tú con esta entrada.

Creo que voy ahora mismo a decir mi gente lo que les quiero...porque a mi (como han dicho por ahí) también me da miedo la muerte...pero lo que más miedo me da es tener ese sentimiento de no haber podido despedirme o de no haber dicho a tiempo lo que quiero a alguien que se va.

Muchos besos!